Cuando en el siglo XVII los toreros a pie toman el relevo de los caballeros en los juegos con el toro, surge en Ronda la familia de los Romero, que durante tres generaciones reúne a los toreros más singulares de la época. Entre ellos destacó Pedro Romero, figura cumbre y la más representativa de la historia de la tauromaquia. Su personalidad consiguió que su oficio alcanza respeto y dignidad social elevando esta destreza a la categoría de "arte".
Con el auge que el arte de "cuchares" va alcanzando entre la población, se plantea la necesidad de comunicar la celebración de los eventos taurinos en las distintas ciudades y será así como nazcan los carteles anunciadores de las corridas. Estos primeros carteles de imprenta, estéticamente muy rudimentarios, se limitaban a recoger con variada tipografía la fecha y lugar de las corridas, los participantes y los dueños de los toros.
En cuanto a la fotografía, prácticamente de la segunda mitad del siglo XIX, se encuentra de manera casi constante en los eventos taurinos. Los más reconocidos (de una larga lista) fueron D. Rafael y D. Miguel Martín, quienes durante muchos años plasmaron la vida rondeña en todas sus facetas y, entre ellas, la taurina.

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