Ronda es considerada una de las cunas de la tauromaquia moderna.
La construcción de la plaza duró seis años y fue inaugurada en 1785, con una corrida de toros en la que actuaron Pedro Romero y Pepe Illo. Concebida en piedra arenisca con un esquema monumental, la nobleza de su traza arquitectónica, con su doble galería de arcadas y la ausencia de tendidos al descubierto, le confiere un espíritu más de claustro que de recinto para espectáculos taurinos, recordando al patio circular del famoso Palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada.
En el siglo XX, una segunda dinastía de toreros rondeños, los Ordóñez, constituye otra aportación de Ronda a la historia de la Tauromaquia. Cayetano Ordóñez y su hijo Antonio Ordóñez despertaron, por su manera concebir el toreo, el interés de personajes tan ilustres como Orson Wells y Ernest Hemingway

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